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viernes, 18 de marzo de 2011

Las Fuentes del Bushido

El budismo proporcionaba una sensación de apacible confianza en el destino, una serena sumisión ante lo inevitable, estoica compostura ante el peligro o la calamidad, desdén ante la vida y cierta simpatía hacia la muerte.
Un maestro muy destacado de esgrima, cuando vio que su alumno dominaba totalmente su arte, le dijo " A partir de ahora, mi instrucción consistirá en la enseñanza del zen".
El Zen es el equivalente japonés de Dhyana, que "representa el esfuerzo humano por alcanzar, mediante la meditación, zonas del pensamiento que se encuentran más allá del ámbito de la expresión verbal. Su método es la contemplación, y su objetivo, en llegar al convencimiento de que existe un principio que subyace a todos los fenómenos y si se puede, de la existencia del Absoluto en sí mismo, y así ponerse en armonía con dicho Absoluto. Todo aquel que obtenga la percepción del Absoluto se eleva a sí mismo por encima de las cosas mundanas y despierta "a un nuevo cielo y a una nueva tierra".
Las doctrinas del sintoísmo inculcaban una lealtad tal al soberano, una veneración al recuerdo de los ancestros y una piedad filial infundiendo además pasividad al arrogante carácter de los samuráis.
Cree en la bondad innata y en la pureza divina del alma humana. En los templos sintoístas apenas existen objetos e instrumentos de adoración y la parte esencial de su mobiliario consiste en un espejo sencillo. La presencia de este objeto simboliza el corazón humano, que cuando se encuentra totalmente tranquilo y en paz, refleja la imagen de la divinidad.
Así al ver tu imágen reflejada tu acto es equivalente al precepto "conócete a ti mismo", la introspección de nuestra naturaleza moral.
El Bushido no daba importancia al conocimiento como tal. Este no se perseguía como un fin en sí mismo, sino como un medio de alcanzar la sabiduría. Por eso, el conocimiento se valoraba según su aplicación práctica en la vida.
Los principios esenciales de los que bebió el bushido y que asimiló para sí fueron pocos y simples aunque suficientes para proporcionar una conducta sólida en la vida y una gran diversidad entre las mentes y los temperamentos.
Extraído del libro Bushido: el espíritu de Japón de Inazo Nitobe.

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